
Los Cronocrímenes, de entrada, es la película más inteligente del año. Es raro y doloroso que haya gente que no la entienda, quizás porque le asuste el hecho de ir reflexionando conforme se mueve la acción o porque no le agrade su juego, pero no se le puede negar ni su atrevimiento, su emoción, su inteligencia y su capacidad para ir sorprendiendo en cualquier momento, llena de detalles obligados a una revisión que hacen de una película de ecos Hichcockianos, aunque genuinamente vigalondiana(es decir, completamente autónoma), una joya. Todo en Los Cronocrímenes tiene sentido: Desde las propias interpretaciones de los personajes hasta cómo se mueve la historia. En definitiva, es un puzzle, un juguete (yo diría que un LEGO) divertidísimo y sesudo: Incluso después de desmontarlo sigue sorprendiendo( y se sigue disfrutando).